Cubre cualquier daño que se produzca en nuestro vehículo, ya sea por incendio, robo, o accidente, seamos o no los causantes del mismo.
Si el vehículo puede ser reparado, la compañía nos pagará la reparación, pero si no lo es, porque la reparación cuesta más que lo que vale el vehículo, nos darán una indemnización que variará en función de su antigüedad, y que pasados más de tres años, probablemente se limitará a su valor venal.
Algunas compañías también cubren los gastos por el alquiler de otro vehículo mientras el nuestro se encuentra en el taller reparándose.
El seguro a todo riesgo es el más caro, por lo que será conveniente para los propietarios de un vehículo nuevo, que lo estén pagando a plazos, o que lo utilicen continuamente y dependan de él en su trabajo, y que además, se lo puedan permitir.
Para que el seguro a todo riesgo no salga tan caro, es posible acordar con la compañía una franquicia, es decir, que en caso de que se produzcan daños en nuestro vehículo, pagaremos una parte de los daños hasta una determinada cantidad fijada de antemano, lo que puede ser rentable para reparaciones importantes, pero no para pequeñas reparaciones que correrán de nuestra cuenta